A veces creemos que “ya pasó”, pero el cuerpo y la mente siguen reaccionando como si el peligro todavía estuviera ahí. Esto puede sentirse como ansiedad, depresión, inseguridad, recuerdos que vuelven, hipervigilancia, emociones que se desbordan o bloqueos que aparecen en momentos específicos. No es falta de voluntad: muchas veces es un sistema nervioso que quedó en alerta por experiencias difíciles.
La terapia EMDR (Desensibilización y Reprocesamiento por Movimientos Oculares) es un enfoque psicológico que se utiliza para trabajar con recuerdos perturbadores y reducir su impacto en el presente. El objetivo es reprocesar lo que sucedió de una forma diferente: que deje de activar la misma intensidad emocional, corporal y mental cada vez que algo lo recuerda o lo “dispara”.
En un proceso con EMDR, primero se construyen recursos de regulación y se define un plan terapéutico claro. Luego, de manera gradual y cuidada, se trabaja sobre experiencias específicas que están sosteniendo síntomas actuales. Muchas personas notan cambios como mayor calma, menos reactividad, más claridad y libertad para decidir y una sensación de alivio que se mantiene en el tiempo.


